No han trascurrido ni 24 horas desde que Carlos Otto, el periodista del periódico ciudadrealeño El Día, publicara un polémico artículo criticando las actuaciones del Aeropuerto de Ciudad Real y ya lo han despedido. La posible razón detrás de este despido es que parte de la directiva de la sociedad del aeródromo es dueña también del medio escrito donde trabaja.
Llevo tres minutos delante de la pantalla de edición de noticias y no encuentro el adjetivo para definir lo que siento tras leer que han despedido a Carlos Otto, el periodista del diario El Día (y colaborador habitual de Soitu.es) que ayer en su blog personal criticaba duramente las actuaciones de la sociedad promotora del Aeropuerto de Ciudad Real.
Muchos comentarios en la entrada de ayer ya le advertían de lo que podía ocurrir, ya que en su artículo criticaba muy duramente la gestión de la sociedad promotora del aeropuerto y las formas de hacer de León Triviño y Domingo Díaz de Mera, siendo este último dueño del medio donde Carlos trabaja.
La libertad de expresión debería ser el bien más preciado de un periodista y por lo tanto defendido con uñas y dientes. Los compañeros de profesión de Otto no se pueden quedar impasibles ante tal injusticia y deberían sopesar tomar algunas acciones. Los ojos están ahora puestos sobre la asociación de la prensa de Ciudad Real que debería organizar alguna concentración en apoyo de la libertad de expresión de los periodistas de la ciudad manchega, aunque para rizar aún más el rizo el vicepresidente de dicha asociación, José Manuel Almazán, es el inmediato superior de Carlos por lo que tendrá que elegir entre criticar al que también es su jefe o a permanecer en silencio.
Este problema no es nuevo, cuando los intereses comerciales entran en conflicto directo con el ejercicio de la profesión de periodista sabemos quien sale perdiendo siempre. La creación de grandes empresas de medios, que hacen necesario incluir grandes capitales como accionariado han venido a poner de manifiesto que producen más mal que bien a este colectivo. Bien sea por la mencionada coacción a la libertad de expresión, por la subjetividad de las opiniones o como veremos en próximos meses por la precariedad laboral que van a traer. Esto último debido a que muchos de los medios españoles (sobretodo pequeños diarios locales y los relativamente jóvenes periódicos comerciales) han vivido de la ficticia bonanza económica del ladrillo, creando empresas de la nada que lejos de ser necesarias unas veces o rentables otras han dado falsas espectativas de futuro a muchos periodístas que por desgracia pasarán a engrosar las listas del paro.
Ahora que parece es tiempo de refundaciones (algunos pensamos que más bien toca tirar a la basura muchas cosas y construir otras nuevas) quizás este sea otro tema a tratar.
¿Periodismo y empresa privada ó cooperativas de periodistas? El tiempo dirá.
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